La carbonatación hormigón es uno de los procesos que pueden favorecer la corrosión de las armaduras y explicar por qué determinadas fachadas empiezan a mostrar fisuras, desconchones o pérdidas del recubrimiento exterior con el paso de los años.

El problema no siempre resulta evidente a simple vista. Una fachada puede conservar aparentemente buena parte de su acabado mientras en zonas concretas el hormigón que protege las armaduras ha perdido parte de su capacidad protectora.

Por eso, ante desprendimientos repetidos, conviene investigar qué ocurre debajo del revestimiento y no limitarse a cerrar el hueco visible.

Qué sucede dentro del hormigón

El hormigón recién ejecutado presenta unas condiciones químicas que ayudan a proteger el acero de las armaduras.

Con el tiempo, el dióxido de carbono del aire puede penetrar a través de su red de poros y reaccionar con determinados componentes del material.

Ese proceso modifica progresivamente sus condiciones internas.

Cuando el frente de carbonatación alcanza la profundidad donde se encuentran las armaduras, el acero puede quedar más expuesto a iniciar procesos de corrosión si concurren las condiciones necesarias.

Por tanto, carbonatación y corrosión están relacionadas, pero no son exactamente el mismo fenómeno.

Por qué aparecen grietas y desconchones

Cuando una armadura comienza a corroerse, los productos de la oxidación generan tensiones en el hormigón que la rodea.

El recubrimiento puede empezar a fisurarse siguiendo el recorrido aproximado del acero y, posteriormente, perder adherencia o desprenderse.

La carbonatación hormigón puede ser, por tanto, una causa que se encuentra detrás de daños aparentemente superficiales.

Entre las señales que justifican una revisión se encuentran:

  • fisuras longitudinales;
  • manchas de óxido;
  • bordes de balcones desconchados;
  • pérdida de material en frentes de forjado;
  • armaduras expuestas;
  • zonas reparadas que vuelven a deteriorarse;
  • fragmentos con falta de adherencia.

Una sola señal no permite diagnosticar por sí misma la causa, pero sí puede justificar un estudio más detallado.

No todas las zonas envejecen al mismo ritmo

La exposición ambiental de una fachada no es uniforme.

La orientación, la lluvia, los ciclos de humedad y secado, la geometría de balcones y cornisas o el espesor de recubrimiento pueden hacer que unas zonas evolucionen de forma distinta a otras.

También influyen las reparaciones realizadas durante la vida útil del edificio.

Por este motivo, no debería extrapolarse automáticamente el estado de un punto concreto a toda la fachada.

La inspección debe establecer si se trata de un daño localizado o de una situación repetida en diversos elementos.

Cómo se comprueba el alcance del problema

La inspección visual es el primer paso, pero determinadas situaciones requieren comprobaciones técnicas adicionales.

El objetivo es conocer qué parte del hormigón conserva buenas condiciones, cuánto material necesita sanearse y qué estado presentan las armaduras.

Una intervención de rehabilitación puede implicar:

  1. localizar las áreas deterioradas;
  2. retirar material sin estabilidad;
  3. comprobar la armadura expuesta;
  4. preparar correctamente el acero y el soporte cuando corresponda;
  5. recuperar las secciones deterioradas;
  6. regularizar la superficie;
  7. aplicar el acabado previsto.

En Aislamientos DONSATE abordamos este tipo de problemas dentro de los trabajos de rehabilitación de fachadas, que incluyen frentes de forjado, refuerzo estructural y diferentes actuaciones sobre superficies exteriores.

Por qué no conviene limitarse a pintar

Una nueva capa de pintura puede mejorar el aspecto de una fachada, pero no reconstruye el material que ha perdido estabilidad.

Cuando existen desconchones asociados a una armadura corroída, primero debe resolverse la zona deteriorada.

El acabado final debe llegar después del saneado y reparación, no utilizarse para ocultar el daño.

Además, una fisura aparentemente pequeña puede continuar bajo el revestimiento.

Cubrirla sin conocer el origen puede dificultar la detección temprana de una patología que seguirá avanzando.

Carbonatación, agua y mantenimiento

La carbonatación hormigón no debe analizarse de forma aislada.

El comportamiento posterior de la armadura también está relacionado con la presencia de humedad y con la exposición del elemento.

Balcones, frentes de terraza y cornisas están especialmente expuestos porque incorporan bordes, encuentros y superficies horizontales donde cualquier defecto puede facilitar la entrada de agua.

Las juntas y remates también merecen atención.

En nuestro artículo sobre responsabilidad por desprendimientos explicamos por qué una comunidad debería actuar cuando aparecen zonas inestables antes de que se produzca una caída.

Reparar el origen, no solo el síntoma

Cuando una fachada presenta desprendimientos recurrentes, resulta poco eficiente repetir pequeñas reparaciones cosméticas sin revisar la causa.

Puede haber varias patologías simultáneas: carbonatación, entrada de agua, juntas deterioradas, recubrimientos insuficientes o reparaciones antiguas incompatibles.

En ocasiones será suficiente actuar sobre zonas muy concretas. En otras, el número de daños puede justificar una rehabilitación más amplia.

La extensión de la intervención debe decidirse a partir del estado real del edificio.

En DONSATE analizamos las zonas afectadas dentro del conjunto de la fachada para plantear una reparación coherente con el problema observado.