La pasivación de armaduras es una cuestión fundamental al reparar elementos de hormigón donde el acero ha quedado expuesto y presenta corrosión. Cuando aparecen manchas de óxido, grietas longitudinales o desprendimientos de recubrimiento en una fachada, no basta con tapar el desperfecto: es necesario valorar qué está ocurriendo en las barras interiores.

El tratamiento adecuado depende del grado de deterioro, las condiciones ambientales y la reparación prevista. También hay que comprobar si el acero conserva la sección necesaria para cumplir su función.

Por qué el hormigón protege normalmente al acero

En condiciones apropiadas, el hormigón ofrece un ambiente alcalino que favorece la formación y estabilidad de una película protectora sobre el acero.

Esa protección contribuye a limitar la corrosión mientras se mantienen las condiciones necesarias.

Sin embargo, el paso del tiempo y la exposición ambiental pueden modificar el comportamiento del conjunto.

Cuando el frente de carbonatación alcanza las armaduras, disminuye la alcalinidad del hormigón que las rodea. También pueden intervenir contaminantes como los cloruros.

Si concurren las condiciones necesarias para la corrosión, el acero puede empezar a deteriorarse.

El problema no consiste simplemente en que el hierro esté viejo, sino en que ha perdido parte de la protección que normalmente le proporciona el hormigón.

Qué ocurre cuando una armadura comienza a oxidarse

Los productos de corrosión pueden ocupar un volumen superior al del acero original.

Esa expansión genera tensiones sobre el hormigón próximo y puede favorecer la aparición de fisuras y desprendimientos.

En fachadas es frecuente observar estos daños alrededor de frentes de forjado, bordes de balcones y otros elementos expuestos.

Algunos indicios que justifican una revisión son:

  • Manchas de color óxido sobre el revestimiento.
  • Grietas que siguen aproximadamente el recorrido de una barra.
  • Desconchones en bordes de elementos de hormigón.
  • Recubrimiento abombado o desprendido.
  • Acero visible después de una pérdida de material.
  • Reparaciones anteriores que vuelven a deteriorarse.

Estos síntomas no permiten conocer por sí solos el estado resistente del elemento.

Una armadura con pérdida significativa de sección puede exigir una actuación estructural adicional, no únicamente un tratamiento superficial.

Qué significa pasivar una armadura

La pasivación describe el estado de protección frente a la corrosión asociado a determinadas condiciones químicas de la superficie del acero.

En reparación de hormigón también se utiliza el término para referirse a tratamientos que buscan proteger las armaduras y favorecer su comportamiento dentro del sistema reparado.

Existen productos de protección contra la corrosión utilizados en determinados procedimientos de rehabilitación.

Pero conviene diferenciar un revestimiento protector aplicado sobre acero preparado de la recuperación del ambiente alcalino mediante un sistema de reparación adecuado.

La elección debe responder a las condiciones del elemento y a la documentación técnica de los materiales.

Aplicar un producto llamado pasivador no garantiza por sí solo que cualquier problema de corrosión quede resuelto.

Primero hay que eliminar el material deteriorado

Antes de tratar una armadura es necesario comprobar el estado del hormigón circundante.

Cuando existen capas sin cohesión, zonas huecas o recubrimiento desprendido, deben sanearse según el procedimiento previsto.

Esto permite acceder a las partes afectadas y valorar con mayor precisión el estado del acero.

Después puede ser necesario retirar productos de corrosión mediante el método de preparación especificado.

La intensidad y alcance de esa limpieza dependen del sistema seleccionado.

No debe suponerse que basta con retirar el óxido visible en la cara exterior de una barra si existen zonas afectadas que permanecen ocultas.

Una preparación incompleta puede dejar activo el deterioro bajo el mortero nuevo.

Cómo se protege el acero durante la reparación

Cuando el diagnóstico establece que procede una reparación localizada, la protección puede integrarse en un procedimiento más amplio.

Según el caso, este puede comprender:

  • Delimitación: localización de las zonas de hormigón deteriorado.
  • Saneado: retirada controlada del material sin estabilidad.
  • Inspección: valoración del estado y de la sección de las armaduras.
  • Preparación: tratamiento superficial del acero según el sistema.
  • Protección: aplicación del producto previsto cuando corresponda.
  • Reconstrucción: reposición del recubrimiento con mortero compatible.
  • Acabado: recuperación de las capas exteriores necesarias.

En determinados casos puede ser necesario sustituir, suplementar o reforzar armaduras, siguiendo una solución técnica específica.

Este tipo de decisión no debe improvisarse durante el trabajo de saneado.

Por qué importa el mortero utilizado después

Una vez preparado el acero, la reconstrucción del hormigón debe realizarse mediante productos adecuados.

La calidad de la adherencia, el recubrimiento obtenido y la compatibilidad del mortero condicionan el comportamiento posterior.

También es importante respetar las instrucciones de aplicación y curado.

Cuando la reparación afecta a una zona exterior expuesta, hay que estudiar las condiciones que favorecieron el deterioro inicial.

Si existe una filtración procedente de una terraza o una junta, deberá tratarse su origen.

No tendría sentido proteger correctamente una armadura y mantener sin resolver la entrada de agua que favorece su corrosión.

Carbonatación y pasivación no son lo mismo

La carbonatación es un proceso químico que puede reducir la alcalinidad del hormigón.

La pasivación, en cambio, está relacionada con las condiciones de protección de la superficie del acero frente a la corrosión.

Por eso una inspección puede necesitar estudiar ambas cuestiones, junto con la humedad y otras características del entorno.

En nuestro artículo sobre carbonatación del hormigón y desprendimientos explicamos cómo puede evolucionar este problema.

También hemos dedicado una publicación a la corrosión de armaduras en fachadas, donde desarrollamos sus principales síntomas.

Cuándo conviene actuar sobre toda una zona

Una reparación localizada puede resultar suficiente cuando la corrosión afecta a un área delimitada y el resto del elemento conserva condiciones adecuadas.

Sin embargo, cuando aparecen daños similares en numerosos balcones o frentes de forjado, puede ser necesario estudiar un alcance mayor.

La repetición de desconchones, manchas de óxido o pérdidas de recubrimiento puede indicar que el problema no se encuentra aislado.

En ese caso conviene realizar una evaluación que permita establecer prioridades y definir un plan coherente.

La extensión de la reparación debe responder al estado del elemento, no solamente a la superficie que presenta daños visibles.

La importancia de proteger el hormigón a largo plazo

La pasivación de armaduras debe analizarse dentro del conjunto de medidas de reparación y protección del hormigón.

En Aislamientos DONSATE realizamos trabajos de rehabilitación de fachadas, frentes de forjado y refuerzo estructural, adaptados a las necesidades de cada edificio.

Cuando existe corrosión, es fundamental estudiar tanto el acero como el hormigón que lo rodea y las condiciones de exposición.

Si una comunidad detecta armaduras expuestas o desprendimientos, puede solicitar una valoración para determinar qué actuaciones técnicas corresponden.

Una reparación adecuada no se limita a cubrir el metal. Debe contribuir a recuperar las condiciones necesarias para que el elemento siga funcionando de forma segura.